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Operaciones más rápidas, mayores riesgos: por qué las empresas siguen necesitando abogados expertos en fusiones y adquisiciones

Un nuevo informe de Eversheds Sutherland señala que la tecnología está acelerando las operaciones internacionales de compraventa de empresas, pero también está haciendo que el asesoramiento jurídico sea más importante que nunca.

Comprar una empresa nunca ha sido un proceso sencillo. Detrás de cada gran operación existen meses de negociaciones, análisis financieros, revisiones jurídicas y decisiones difíciles.

Sin embargo, la tecnología está empezando a transformar este proceso.

Según un informe publicado el pasado 7 de octubre por el despacho internacional Eversheds Sutherland, la inteligencia artificial y otras tecnologías avanzadas están permitiendo a las empresas identificar posibles adquisiciones, analizar riesgos y completar operaciones de manera más eficiente.

Pero hacer las cosas más rápido no significa necesariamente hacerlas más fáciles.

La inteligencia artificial acelera las operaciones de M&A

La tecnología permite analizar grandes cantidades de información en mucho menos tiempo que mediante los métodos tradicionales.

En una operación de fusiones y adquisiciones, esta capacidad puede utilizarse para identificar posibles objetivos, revisar documentación, detectar determinados riesgos y organizar información relevante para las negociaciones.

Procesos que anteriormente exigían numerosas horas de trabajo pueden desarrollarse ahora con mayor rapidez.

Esto puede reducir tiempos y mejorar la eficiencia de una operación, especialmente cuando existen grandes volúmenes de documentación o varias jurisdicciones implicadas.

Más velocidad no significa menos complejidad

La principal paradoja es que, mientras algunas tareas se simplifican, las operaciones pueden volverse jurídicamente más complejas.

El informe advierte de que la tecnología está introduciendo nuevos desafíos relacionados con la propiedad intelectual, la protección de datos, la ciberseguridad y el cumplimiento normativo.

Una adquisición ya no consiste únicamente en valorar activos físicos, contratos, deudas, clientes o resultados financieros.

En muchas compañías, una parte esencial del valor está formada por software, bases de datos, algoritmos, propiedad intelectual, sistemas tecnológicos y conocimiento especializado.

Determinar qué se está comprando es cada vez más difícil

A medida que las empresas adquieren otras compañías por su tecnología, sus datos o el talento de sus profesionales, determinar qué se está comprando realmente resulta cada vez más complicado.

Un activo tecnológico puede ser extremadamente valioso, pero también puede estar sujeto a limitaciones contractuales, problemas de titularidad, licencias, derechos de terceros o riesgos regulatorios.

Los datos pueden constituir uno de los principales activos de una empresa, pero su utilización puede encontrarse condicionada por las normas de protección de datos y por los consentimientos o finalidades para los que fueron recopilados.

Del mismo modo, una plataforma tecnológica puede parecer atractiva desde el punto de vista empresarial y presentar al mismo tiempo vulnerabilidades de ciberseguridad capaces de alterar significativamente su valor.

La due diligence también está cambiando

La due diligence ha sido tradicionalmente uno de los procesos más intensivos dentro de una operación de M&A.

Abogados y asesores deben revisar contratos, documentación societaria, litigios, activos, obligaciones regulatorias y numerosos elementos que pueden afectar al precio o incluso determinar si la operación debe continuar.

La inteligencia artificial puede acelerar una parte importante de esa revisión documental.

Pero detectar una cláusula o identificar una anomalía no equivale necesariamente a comprender sus consecuencias jurídicas y empresariales.

La tecnología puede localizar el riesgo. El abogado debe determinar qué significa ese riesgo para la operación.

Los nuevos activos generan nuevos riesgos jurídicos

La importancia creciente de la tecnología en las adquisiciones obliga a analizar cuestiones que hace algunos años podían tener un peso mucho menor.

Entre ellas se encuentran la titularidad de algoritmos y software, las licencias tecnológicas, la protección de secretos empresariales, los derechos sobre bases de datos, el cumplimiento en materia de inteligencia artificial y las medidas de ciberseguridad.

También puede ser necesario analizar cómo utiliza la empresa adquirida los datos de sus clientes y empleados, si puede seguir utilizándolos después de la operación y qué obligaciones regulatorias se trasladan al comprador.

Una adquisición puede parecer económicamente atractiva y ocultar riesgos legales capaces de modificar radicalmente su valor.

La inteligencia artificial crea una paradoja para los abogados

Para los abogados, esta evolución genera una paradoja interesante.

Algunas de las tareas tradicionalmente asociadas a las fusiones y adquisiciones pueden requerir menos tiempo gracias a la automatización y a las herramientas de análisis.

Sin embargo, las cuestiones jurídicas que rodean estas operaciones pueden convertirse en más exigentes.

El valor del abogado puede desplazarse desde la revisión manual de grandes cantidades de documentos hacia la interpretación de los riesgos detectados, la negociación y el diseño de la estructura jurídica de la operación.

Menos revisión documental y más criterio jurídico

La tecnología puede modificar profundamente la distribución del tiempo dentro de una operación.

Los abogados pueden dedicar menos horas a localizar información y más tiempo a analizar qué consecuencias tiene esa información para el cliente.

Eso implica comprender el negocio adquirido, valorar los riesgos regulatorios, negociar garantías, establecer mecanismos de indemnización y decidir qué problemas justifican modificar el precio o las condiciones de la operación.

La eficiencia tecnológica puede reducir determinadas tareas, pero aumenta el valor relativo de aquellas que dependen del juicio profesional.

Las operaciones internacionales requieren todavía más experiencia

La complejidad aumenta cuando una adquisición afecta a varias jurisdicciones.

Protección de datos, competencia, inversión extranjera, propiedad intelectual, empleo, regulación tecnológica y obligaciones sectoriales pueden variar significativamente de un país a otro.

Una operación puede requerir autorizaciones regulatorias diferentes, transferencias internacionales de datos o análisis específicos sobre la propiedad de determinados activos.

Por ello, los asesores experimentados seguirán desempeñando un papel fundamental, especialmente cuando las negociaciones impliquen importantes riesgos económicos o regulaciones internacionales complejas.

La tecnología no elimina la necesidad de asesoramiento jurídico

El mensaje para los grandes despachos es claro: la tecnología puede cambiar la forma en que se realizan las operaciones, pero no elimina la necesidad de contar con un buen criterio jurídico.

La capacidad de revisar miles de documentos automáticamente es valiosa, pero una operación de M&A no se decide únicamente mediante la identificación de información.

También exige valorar riesgos, negociar posiciones contrapuestas y determinar qué decisiones son aceptables desde el punto de vista jurídico y empresarial.

La inteligencia artificial puede proporcionar más información y hacerlo más rápido. La responsabilidad sobre la decisión continúa siendo humana.

El futuro del M&A puede estar en ayudar a decidir

La evolución de la tecnología puede transformar también la forma en que los clientes valoran el trabajo de sus abogados.

Si determinadas tareas documentales requieren menos tiempo, la relevancia profesional puede concentrarse cada vez más en la estrategia, la negociación y el análisis de riesgos.

Esto no significa necesariamente que el abogado tenga menos importancia dentro de la operación.

Puede significar precisamente lo contrario: que su valor dejará de medirse principalmente por el volumen de documentos revisados y pasará a depender cada vez más de la calidad de las decisiones que ayuda a tomar.

El futuro de las fusiones y adquisiciones puede pasar por dedicar menos horas a revisar documentos y más tiempo a ayudar a los clientes a tomar las decisiones correctas.

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